CAPÍTULO
21
1
«El resplandor inmaculado», testamento final
de Longchenpa, el maestro Dzogchen del
siglo
XIV:
En
un cielo nocturno sin nubes, la luna llena,
«el
Señor de las Estrellas», está a punto de salir. [...]
El
rostro de mi compasivo señor, Padmasambhava,
me
atrae hacia delante, irradiando su tierna bienvenida.
Mi
gozo en la muerte es muchísimo mayor que
el
gozo de los mercaderes al ganar vastas fortunas en el mar,
o
los señores de los dioses que se jactan de su victoria en la
batalla;
o
el de aquellos sabios que han entrado en el trance de la
perfecta
absorción.
Así,
tal un viajero que se echa al camino cuando llega el
momento
de partir,
no
permaneceré más en este mundo,
sino
que iré a morar en la fortaleza de la gran dicha de la
ausencia
de muerte.
Esta
vida mía está acabada, mi karma se ha agotado, el
beneficio
que podían hacer las oraciones se ha gastado,
todas
las cosas mundanas han llegado a su fin, el
espectáculo
de esta vida ha terminado.
En
un instante reconoceré la misma esencia de la manifestación de mi ser
en
los puros y vastos reinos de los estados del bardo;
estoy
próximo a ocupar mi asiento en el terreno de la
perfección
primordial.
Las
riquezas que se encontraban en mí han hecho felices las
mentes
de otros,
he
utilizado la bendición de esta vida para realizar todos
los
beneficios de la isla de la liberación;
habiendo
estado con vosotros, mis nobles discípulos, durante
todo
este tiempo,
la
alegría de compartir la verdad me ha llenado y satisfecho.
Ahora
van a terminar todas las conexiones entre nosotros en
esta
vida,
soy
un mendigo errante que va a morir como le plazca,
no
os entristezcáis por mí, pero seguid rezando siempre.
Estas
palabras las dice mi corazón, las dice para
ayudaros;
pensad
que son una nube de flores de loto, y vosotros, en
vuestra
devoción,
abejas
que se zambullen en ellas para libar su alegría
trascendente.
Por
la gran bondad de estas palabras
que
los seres de todos los reinos del samsara,
en
el terreno de la perfección primordial, alcancen el
Nirvana.
2
Contemplemos
de nuevo lo que le ocurre a una persona cuando muere, en cada una de las tres
etapas cruciales de la muerte:
1.
En la culminación del proceso de morir, tras la disolución de los elementos,
sentidos y estados de pensamiento, la naturaleza última de la mente, la
Luminosidad Base, queda momentáneamente al desnudo.
2.
Luego, se manifiesta y brilla fugazmente el resplandor de esa naturaleza de la
mente en apariciones de sonido, colores y luz.
3. A continuación, la conciencia del difunto
despierta y entra en el bardo del devenir; regresa su mente ordinaria y asume
una manifestación, la forma del cuerpo mental, sujeta a los dictados del karma
y los hábitos pasados, que impulsan a la mente ordinaria a aferrarse a las
experiencias ilusorias del bardo como si fueran reales y sólidas.
3
EL
PROCESO DURANTE EL SUEÑO Las tres fases del proceso que vemos desplegarse en
los estados del bardo durante la muerte también pueden percibirse en otros
planos de conciencia durante la vida. Considerémoslas a la luz de lo que ocurre
cuando dormimos y soñamos. 1. Al dormirnos, los sentidos y las capas más bastas
de la conciencia se disuelven, y de un modo gradual la naturaleza absoluta de
la mente, podríamos decir la Luminosidad Base, queda brevemente al desnudo. 2.
Luego hay una dimensión de conciencia comparable al bardo de dharmata, tan
sutil que normalmente ni siquiera nos damos cuenta de que existe. Después de
todo, ¿cuántos de nosotros somos conscientes de estar dormidos antes de que
empiecen los sueños? 3. La mayoría de nosotros sólo es consciente de la
siguiente fase, cuando la mente vuelve a activarse y nos encontramos en un
mundo de sueños semejante al bardo del devenir. Aquí tomamos un cuerpo de sueño
y pasamos por diversas experiencias oníricas que vienen en gran medida
configuradas e influidas por los hábitos y actividades de nuestro estado de
vigilia, y creemos que todo ello es sólido y real, sin llegar a darnos cuenta
de que estamos soñando.
4
¿De
dónde venían los versos de Blake?
Ver
el Mundo en un Grano de Arena
Y
un Paraíso en una Flor Silvestre
Tener
el Infinito en la palma de la mano
Y
la Eternidad en una hora.
5
Dijo
Buda: «Os he mostrado el camino a la liberación, ahora os toca a vosotros
recorrerlo».

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