TRAS LA HUELA DE BUDA

TRAS LA HUELA DE BUDA

lunes, 19 de julio de 2021

LAMA TSONDRU

 


LAMA TSONDRU

 

Lama Tsondru (España) recibió la ordenación monástica en 1985. Ha completado el retiro tradicional de tres años en dos ocasiones en el Monasterio Samye Ling (Escocia); en total Lama Tsondru ha permanecido más de once años en retiro estricto.

Con más de veinte años de enseñar el Dharma, Lama Tsondru es sumamente apreciada por su modo directo, claro y ameno de impartir las enseñanzas de Buda. Es reconocida también por su entusiasmo en llevar a cabo actividades para la preservación y la difusión del Dharma.

Imparte enseñanzas en los centros Kagyu Samye Dzong de España, así como en diversos centros budistas de Europa y Sudáfrica.

Lama Tsondru ha recibido numerosas transmisiones y enseñanzas de Su Santidad el XIV Dalai Lama, y de muchos otros maestros destacados del budismo tibetano.

 

Desde 1993 codirige junto con Lama Jinpa Gyamtso los centros de Ákong Rinpoché en España. De 2003 a 2007 estuvo dirigiendo junto con el Lama Jinpa el primer retiro de tres años y siete meses, y de 2008 a 2012, un segundo retiro de cuatro años de duración. En 2012, Lama Tsondru y Lama Jinpa fundaron el monasterio Kagyu Samye Dechi Ling en Girona (España).

Ha participado en diversas actividades con organizaciones de otras tradiciones espirituales y forma parte del Grupo Contemplativo Interreligioso. Ha colaborado en diversas ocasiones en la revista Cuadernos de Budismo.

 

 

sábado, 10 de julio de 2021

EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS

 


EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Para Occidente la muerte es un tabú. Hablar de la muerte se considera un tema supersticioso que infunde miedo. La muerte hay que estudiarla para tenerla presente siempre, y poder convivir con ella. La muerte es compañera de la vida. Eso es lo que nos enseña el Libro tibetano de los muertos.

Martin Heidegger (1889-1976), considerado el filósofo más importante del siglo XX, solía decir que para entender la vida había que pasar más tiempo en los cementerios e imaginarnos en una sepultura.

Algo similar había insinuado Charles Dickens(1812-1870) en  “Cuento de Navidad” (1843). Veamos: El fantasma del futuro lleva a Scrooge hasta un viejo camposanto y le señala una lápida. Scrooge se arrastró temblando hasta el sitio que le indicaba el espectro “ y leyó sobre la piedra de la descuidada tumba su propio nombre: EBENEZER SCROOGE”. Después de eso, el tacaño, avaro y misántropo Scrooge “se transformó en tan buen amigo, tan buen señor, tan buen hombre, que fue el mejor en toda aquella buena y vieja ciudad…”.

2

En el Libro tibetano de los muertos se explica lo que pasa cuando dejamos de existir según el budismo. Se habla de los diferentes estados o bardos:  de la vida, del sueño,  de la muerte y el devenir.

3

El libro tibetano de los muertos (El Bardo thodol) recoge las enseñanzas de Buda con respecto a la muerte. Fue rescatado y dado conocer a Occidente por el británico W. Y. Evans Wentz .

4

El Bardo thodol contiene una guía para los moribundos y los muertos; y surgió entre los budistas tántricos del Tíbet. Con estas instrucciones se puede alcanzar la iluminación y evitar renacer e ingresar nuevamente al Samsara.

4

La muerte dura 49 días antes de una nueva reencarnación.

5

El libro tibetano de los muertos fue escrito por Padma Sambhava en el siglo VIII. Fue descubierto en una gruta por Karma Lingpa en el siglo XIV. En Occidente fue dado a conocer, por primera vez, a través de la traducción al inglés realizada por Walter Evans-Wentz en 1927.

6

Robert Thurman le da el siguiente nombre a Libro tibetano de los muertos: ‘El gran libro de la liberación natural mediante la comprensión en el estado intermedio”.

7

El libro tibetano de los muertos es una guía para la vida.

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Partes del Libro tibetano de los muertos:

Parte 1: Estado transitorio del momento de la muerte: describe el momento de la muerte.

Parte 2: Estado transitorio de la realidad: trata acerca del momento inmediato después de fallecer.

Parte 3:Estado transitorio del renacimiento: maneja las cuestiones prenatales, incluyendo el nacimiento de los instintos.

9

Carl Gustav Jung hizo un comentario psicológico sobe el Libro tibetano de los muertos.

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El budismo ha sido objeto de investigaciones científicas, especialmente en su aspecto relacionado con la tanatología y la asesoría espiritual a los moribundos. Soyal Rinpoché explica en su obra El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte (1993) la importancia y alcance del Libro tibetano de los muertos. Compara los diferentes bardos con las etapas del sueño y se apoya en ejemplos de Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) ,como las mostradas en el libro “La prueba del cielo”(2012), del médico estadounidense Eben Alexander . También fundamenta sus teorías en los trabajos de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross esbozados en su famoso libroSobre la muerte y los moribundos” (1969).

11

Namasté.

 

 

 

viernes, 9 de julio de 2021

BUDISMO SIN CREENCIAS

 


BUDISMO SIN CREENCIAS  (1997)

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

El escritor escocés Stephen Batchelor (1953) fue monje budista por diez años. Inició su ministerio religioso en la India y lo continuó en otros países asiáticos. Luego se retiró para propugnar el budismo secular. En su libro Budismo sin creencias (1997) expone sus ideas con respecto a su nuevo credo que podemos resumir así: se puede aceptar el budismo como filosofía de vida obviando los aspectos metafísicos.

1

No hay nada particularmente religioso o espiritual en este camino. Abarca todo lo que hacemos. Es una forma auténtica de estar en el mundo. Comienza con entender el tipo de realidad que habitamos y el tipo de seres que somos y que habitan esa realidad.

2

El Buda no fue un místico. Su despertar no fue una iluminación devastadora a una Verdad trascendente que le reveló los misterios de Dios.

3

Una existencia sin despertar, en la cual derivamos inconscientes en una oleada de impulsos habituales, es tanto innoble como poco digna.

4

En vez de presentarse como un salvador, el Buda se vio a sí mismo como un curador. Presentó sus verdades en la forma de diagnóstico, pronóstico y tratamiento médicos. Si tienes un dolor en el pecho, primero tienes que reconocerlo. Luego vas con el doctor para que te examine. Su diagnóstico tanto identificará la causa del dolor como te dirá si es curable. Si lo es, él te aconsejará a seguir el curso de un tratamiento. Del mismo modo, el Buda reconoció la condición existencial de la angustia. Al examinarla encontró que su origen está en el anhelo egocéntrico. Se dio cuenta de que esto podía cesar y prescribió como tratamiento el cultivo de un camino de vida que abraza todos los aspectos de la vida humana.

5

La primera verdad desafía nuestra relación habitual con la angustia. En el sentido más amplio; desafía la forma en que nos relacionamos con nuestra existencia en cuanto tal: nuestro nacimiento, enfermedades, envejecimiento y muerte. ¿Hasta qué punto fallamos en entender estas realidades y sus implicaciones? ¿Cuánto tiempo se pierde en distracción e inconsciencia?

6

La angustia mantiene su poder todo el tiempo que le permitamos intimidarnos. Al
considerarla habitualmente como temible y amenazante, no logramos ver las palabras
escritas en ella por el Buda: “Entiéndeme”.

7

Entender una preocupación es reconocerla calma y claramente por lo que es:
transitoria, contingente y falta de una identidad intrínseca.

8

Soltar un anhelo es como liberar una serpiente que tenías agarrada con tu mano. Al soltar el anhelo, éste finalmente cesará. La cesación nos permite darnos cuenta, aunque sólo sea por un momento, de la libertad, apertura y comodidad del camino central.

9

Las acciones que acompañan a las cuatro verdades describen la trayectoria de la práctica
del dharma: entender la angustia lleva a soltar el anhelo, lo que conduce a materializar su
cesación, lo que lleva a cultivar el camino.

10

Cuando le preguntaban qué hacía, el Buda respondía que enseñaba “la angustia y su fin”. Cuando le preguntaban de metafísica (el origen y fin del universo, la identidad o diferencia

del cuerpo y la mente, su existencia o no después de la muerte) permanecía silencioso. Decía que el dharma estaba penetrado de un sólo sabor: la libertad. No hizo afirmaciones de exclusividad o divinidad y no recurrió a un término que pudiera traducirse como “Dios”

11

Históricamente, el budismo ha tendido a perder su dimensión agnóstica al
institucionalizarse como una religión (es decir, un sistema de creencias reveladas, válidas
para todos los tiempos, controladas por una elite de sacerdotes).

12

El dharma puede de hecho tener más en común con un secularismo sin Dios que con los bastiones de la religión. El agnosticismo puede brindar una base común más fértil para el diálogo que, por ejemplo, un intento tortuoso de ver el sentido budista de Alá.

13

Para T.H. Huxley, quien acuñó el término en 1869, el agnosticismo era tan
demandante como cualquier credo moral, filosófico o religioso. Mas que como un credo,
sin embargo, lo vio como un método, materializado a través de “la aplicación rigurosa de
un sólo principio”. Él expresó este principio en forma positiva como: “Sigue tu razón tan
lejos como te lleve” o, en forma negativa, como; “No pretendas que son correctas
conclusiones no demostradas o demostrables”.

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Fundamentalmente, el Buda enseño un método (la práctica del dharma) y no otro
–ismo. El dharma no es algo para creer sino algo para hacer. El Buda no reveló un conjunto
de hechos esotéricos sobre la realidad, que podemos elegir creer o no. Él intimó a la gente a
entender la naturaleza de la angustia, soltar sus orígenes, materializar su cesación y
convertirla en una forma de vida.

15

La angustia viene de anhelar que la vida sea diferente de lo que es.

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Sobre la meditación:

Intenta este ejercicio. Busca un lugar tranquilo, confortable. Éste puede ser una esquina del

dormitorio el estudio. Colócate en un silla o, si prefieres, siéntate en el piso con los pies cruzados. Asegúrate de que tu espalda esté libre y derecha, pero no tensa. Inclina tu cabeza

hacia adelante, de manera que tu mirada caiga un metro delante tuyo. Cierra los ojos. Descansa tus manos en tu regazo o tus rodillas. Fíjate si es que hay puntos de tensión en tu cuerpo: hombros, cuello, alrededor de los ojos. Relájalos. Pon atención al contacto de tu cuerpo con el piso. Asegúrate estar quieto y en equilibrio. Nota la sutil polifonía de sonidos a tu alrededor, nota cualquier sensación en tu cuerpo, se consciente de tu estado de ánimo. No juzgues estas cosas o trates de cambiarlas: acéptalas por lo que son.

Haz tres respiraciones profundas y largas. No te imagines a la respiración como algo invisible entrando y saliendo por tu nariz; nota las sensaciones de tu cuerpo (aún las más triviales, como el contacto móvil de tu piel con la camiseta) que participan en el acto de respirar. Luego deja que la respiración siga su ritmo, sin interferir o controlarla. Sólo permanece con ella, permitiendo que la mente se asiente en la oleada de la respiración, como un bote pequeño anclado, subiendo y bajando suavemente con el oleaje. Haz esto por diez minutos.

Si persistes en observar tu respiración, podrás ver que luego de un rato tu mente comienza a

calmarse. Experimentas períodos más largos de concentración antes de que un pensamiento

te distraiga y los espante. Te vuelves más ducho en recordar regresar al presente. Te relajas

y descubres una tranquilidad conmovedora. Esta es una calma centrada desde la que puedes

enlazarte atenta y cariñosamente con el mundo.

Busca otra vez un lugar confortable para sentarte, con tu espalda recta, tu cuerpo quieto
y equilibrado; luego cierra tus ojos y presta atención a tu respiración. Siente al aire
entrando por tu nariz, expandiendo los pulmones y el diafragma. Detente, exhala contrayendo diafragma y pulmones, luego siente al aire caliente salir por la nariz. Mantén esta atención por diez minutos, siguiendo cada respiración del principio al fin.

Reflexiona sobre tu resolución: ¿Qué es lo que me ha llevado hasta este punto? ¿Por qué estoy sentado aquí? Trata de no ser atrapado por el mecanismo de pensamiento asociativo que lleva a la distracción. Cuando la mente esté calma y enfocada, considera esta pregunta:

Ya que la muerte es segura y su momento incierto, ¿qué debo hacer?

Recorre esto en tu mente, dejando que penetren su significado y desafío. Fíjate si la

pregunta resuena en tu cuerpo, dispara un estado de ánimo no verbal, un sentimiento profundo. Presta más atención al tono corporal que evoca que a los pensamientos e ideas que genera. Si sientes ese tono, descansa en silencio.

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Encuentra un lugar tranquilo, confortable. Siéntate en silencio. Asegúrate que tu espalda
esté libre y erguida, pero no tensa. Fíjate si hay puntos de tensión en tu cuerpo: hombros,
cuello, alrededor de los ojos. Relájalos. Respira tres veces en forma profunda y lenta.
Luego deja que la respiración resuma su ritmo, sin interferencia ni control.
La práctica formal de la atención comienza con darse cuenta profundamente de la
red sensorial que es el cuerpo. La respiración es una parte central de esto. Cuando meditas
en la respiración, abandona cualquier imagen que tengas de una cosa invisible que es
chupada y luego bombeada hacia afuera de los pulmones. Del mismo modo, si tienes un
imagen del ego que al meditar observa atentamente la respiración desde arriba de la cabeza,
déjala ir también. Experimenta la respiración como el propio cuerpo lo hace: un ritmo de
sensaciones que comienza con el impacto del aire frío en las fosas nasales y finaliza en una
corriente cálida saliendo por ese mismo punto un instante más tarde. Sólo cuando empiezas
a prestar mucha atención a la respiración notas lo complejo y sutil del rango de sensaciones
involucradas. Con cada inhalación y exhalación explora con más profundidad la
complejidad en múltiples capas de este acto vital.

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Meditar no es vaciar la mente y quedarse con la boca abierta ante las cosas, en un estupor como en trance. Nada importante puede resultar de mirar fija e inexpresivamente a un objeto durante el mayor tiempo posible. Meditar es percibir con intensa sensibilidad cada brillo de color, cada cadencia de sonido, el toque de la mano de otro, cada palabra tímida que busca a tientas expresar lo que no se puede decir.

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Hay que reflexionar sobre la vida de los que existieron antes que nosotros: la pequeña, la grande, la animal, a humana, y pensar que nosotros vamos también hacia la muerte.  Puedo ver la muerte de los otros, pero no la mía. Mi tiempo va a llegar también, pero no sé cuándo.

18

La muerte no sólo le ocurre a los otros. Ni tampoco cuando quiero. El cuerpo es frágil. Es sólo carne. Escucha los latidos. La vida depende del bombeo de un músculo.

19

Hay que pensar en la muerte. Cualquier cosa puede pasar. Cada vez que cruzo un camino, salgo de viaje, bajo unas escaleras, mi vida está en peligro. Por cuidadoso que sea, no puedo prever la distracción del hombre en al auto que se acerca, el colapso de un puente, el desplazamiento de una falla geológica, el recorrido de una bala perdida, el destino de un virus. La vida es propensa a los accidentes.

20

La meditación reflexiva es una forma de traducir los pensamientos al lenguaje de los sentimientos. Explora la relación entre la forma en que pensamos y percibimos las cosas y cómo nos sentimos sobre ellas. Descubrimos que aún las intuiciones más fuertes y aparentemente obvias sobre nuestro ser, están basadas en suposiciones igualmente arraigadas. Poco a poco al aprender a ver nuestra vida de otra manera mediante la meditación reflexiva también nos lleva a sentir diferente respecto de ella.

21

El meditar en la muerte nos hace más conscientes de la vida misma. El meditar sobre la certeza de la muerte y la incertidumbre de su momento nos ayuda a transformar la muerte de otro, de una incomodidad engorrosa a la conclusión sobrecogedora y trágica de la transitoriedad que yace en lo más profundo de cualquier vida.

22

Pero si no existe otro mundo y si las acciones bien y mal hechas no fructifican y maduran, entonces aquí en esta vida yo estaré libre de hostilidad, angustia y ansiedad, y viviré feliz. Este es el segundo bienestar adquirido … (Buda)

23

Las religiones no están unidas por la creencia en Dios sino por la creencia en la vida después de la muerte. Para el budismo religioso, renaceremos en una forma de vida de acuerdo a la calidad ética de las acciones cometidas en la vida presente o las pasadas. Las religiones monoteístas siguen un principio similar, aunque las opciones postmortem suelen estar limitadas al cielo o el infierno. A lo largo de la historia, las religiones han explicado que la muerte no es el fin de la vida, sino que alguna parte de nosotros—quizás nosotros enteros—continua.

24

Parecería que hay dos opciones: creer o no en el renacimiento. Pero existe un tercera alternativa: el reconocer, con toda honestidad, yo no sé. Ni tenemos que adoptar las versiones literales del renacimiento presentadas por la tradición religiosa ni caer en el extremo de tomar a la muerte como aniquilación. Independientemente de lo que creamos, nuestras acciones tendrán ecos más allá de nuestra muerte. Sin importar nuestra supervivencia personal, el legado de nuestros pensamientos, palabras y acciones continuará en las impresiones que dejamos en las vidas de los que hemos influido o tocado en alguna forma.

25

El despertar es el propósito que engloba todos los propósitos. Lo que hacemos tiene sentido en la medida de que nos lleva al despertar y carece de sentido en la medida en que nos aparta de él. La práctica del dharma es el propio proceso de despertar: los pensamientos, palabras y actos que tejen la tela de la experiencia en un todo coherente. Y este proceso se logra con la participación: se sostiene y madura en las comunidades de amigos.

26

El proceso de despertar es como caminar en un sendero. Cuando encontramos ese sendero luego de horas de buscarlo en la maleza, por lo menos sabemos que vamos a alguna parte. Es más, de pronto descubrimos que podemos movernos con libertad, sin obstáculos. Adoptamos un paso rítmico y fácil.

27

Un de las cosas más difíciles de recordar es acordarse de acordarse. La percepción
comienza recordando lo que tendemos a olvidar. El ir derivando en la vida en medio del
afloramiento acolchonado de impulsos es una de las tantas estrategias para olvidar .

28

Detenerse y prestar atención a lo que nos está pasando en este momento es una forma de desprendernos de tales fijaciones. Es también una definición razonable de meditación.

29

Aunque se puede meditar formalmente, una o dos veces por día, el propósito es lograr una percepción fresca en todo lo que hacemos. Ya sea parado o caminando, sentado o acostado, solo o en compañía, descansando o trabajando, trato de mantener la misma atención cuidadosa.

30

La percepción es un proceso de profundizar la auto–aceptación. No es ni un examen frío y cuidadoso de la vida ni un medio para la perfección. Abraza todo lo que observa. No hay nada poco digno de aceptar. La luz de la percepción seguramente iluminará cosas que preferiríamos no ver. Esto significará un descenso a lo prohibido, reprimido, negado. Podríamos destapar recuerdos inquietantes, terrores irracionales de nuestra niñez. Podríamos tener que aceptar un genio en potencia, como también un asesino, violador o ladrón potencial escondido muy adentro.

31

Debemos reflexionar en nuestra motivación, preguntándonos: “¿por qué hago
esto?” O podemos considerar la certeza de la muerte y la incertidumbre de su momento,
concluyendo con la pregunta “¿qué debo hacer?” Estas reflexiones pueden aterrizarnos en
la realidad que la intranquilidad y el letargo tratan de evitar con tanto ahínco.

32

No hay nada en mi interior en lo que pueda confiar, nada que puedo considerar como “yo” o “mío”.

33

La vida se convierte en una sucesión de pequeños nacimientos y muertes. Al lograr lo que
quiero, siento renacer. Pero tan pronto me instalo en este sentimiento, vuelven a surgir mis
viejas ansiedades. La nueva posesión pronto envejece ante la atracción de algo más
deseable que no tengo. Lo que parecía perfecto de pronto empieza a comprometerse por
atisbos alarmantes de sus imperfecciones. En vez de resolver mis problemas, esta nueva
situación los reemplaza con otros de los que no había sospechado. Sin embargo, en vez de
aceptar esto como la naturaleza de la vida en un mundo poco confiable, en vez de aprender
a estar contento con el éxito y el gozo y no sentirme abrumado por el fracaso y el dolor, en
vez de apreciar la belleza amarga, trágica y triste de la vida, aprieto los dientes y lucho
esclavizado por esa voz tenue y seductora que susurra: “Y si sólo …”

34

La mayor amenaza a la compasión es la tentación de sucumbir a las fantasías de superioridad moral. Eufóricos por el altruismo hacia los demás, podemos llegar a creernos sus salvadores

La compasión está en el propio corazón y alma del despertar.

35

Somos nuestros propios carceleros. Nos mantenemos prisioneros al aferrarnos, por miedo y confusión, a un ego que existe independiente de todas las condiciones. En vez de aceptar y entender las cosas como son, buscamos independizarnos de ellas en una individualidad aislada. Irónicamente, este egoísmo alienado se confunde con libertad individual. El objetivo de la práctica del dharma es liberarnos de esta ilusión de libertad.

Esto se logra entendiendo la angustia que acompaña esa independencia engañosa y dejando

ir a la confusión y el anhelo que la mantienen en su lugar.

36

El cultivar el camino comienza con una visión auténtica del carácter cambiante,
contingente y creativo de nuestro ego y del mundo. Aunque en un comienzo la experiencia
de la libertad intrínseca de la realidad sea esporádica y momentánea, la práctica del dharma
abraza un tipo de vida que ve a esta experiencia como la norma en vez de la excepción.
Aunque podemos estar todavía abrumados por los patrones turbulentos del hábito, nuestro
compromiso con esta visión de la libertad permanece inquebrantable. Para socavar esa
visión fija y congelada de las cosas, debemos cultivar la percepción de la libertad presente
en cada momento de la experiencia.

37

La respiración es el movimiento de la vida, el proceso vital que conecta al cuerpo con su medio ambiente.

38

Cuanto más conscientes somos del desarrollo misterioso de la vida, es más claro que su propósito no es satisfacer las expectativas del ego. Sólo podemos pronunciar las preguntas que hace. Luego dejar ir, escuchar y esperar.

39

A través de contrarrestar esta fuerza del hábito, la práctica del dharma tiene dos
objetivos: liberarse del anhelo egocéntrico de manera que nuestras vidas se vayan
convirtiendo gradualmente en más despiertas; y estar receptivo a la erupción súbita del
despertar en nuestras vidas en cualquier momento. El despertar es tanto el proceso lineal de
libertad que se cultiva con el tiempo como la posibilidad siempre presente de libertad. El
camino central es tanto un sendero con principio y fin como la potencialidad sin forma en el
propio centro de la experiencia.

40

En cuanto a experiencia de libertad, el despertar no nos provee con un conjunto de
ideas o imágenes prefabricadas—mucho menos doctrinas filosóficas o religiosas. Por su
propia naturaleza está libre de las restricciones de ideas, imágenes o doctrinas
preconcebidas. No ofrece respuestas, sólo la posibilidad de nuevos comienzos. Al
experimentarlo, no traducimos conocimientos esotéricos ocultos a declaraciones sabias, de
la misma manera que un escritor tampoco traduce al papel frases completas escondidas en
su mente.

41

La práctica del dharma se parece más a la creación artística que a la resolución de un problema técnico. La dimensión técnica de la práctica del dharma (como por ejemplo el entrenamiento para tener una mente atenta y enfocada) es comparable a las habilidades técnicas que un ceramista tiene que aprender para ser experto en su campo.

42

Las cuatro verdades que ennoblecen del Buda proveen no sólo un paradigma de libertad cognitiva y afectiva sino también un patrón de visión estética. Toda obra de arte que profundiza nuestro entendimiento de la angustia, que nos mueve a relajar las restricciones de un anhelo egocéntrico, que revela el juego dinámico del vacío y que forma e inspira una forma de vida que lleve a esos fines, lleva el sello de una belleza auténtica. Y del mismo modo que trabajos no budistas pueden tener ese efecto, trabajos explícitamente budistas pueden fracasar en lograrlo.

43

De acuerdo con el diccionario Chambers, cultura es “el estado de estar siendo cultivado”.
Lo que debe cultivarse, de acuerdo al Buda, es un sendero de visión auténtica, ideas, habla,
acción, formas de vida, resolución, atención y percepción enfocada. Luego, una cultura del
despertar es el estado en que este sendero es cultivado.

44

Tenemos que discernir entre qué elementos son vitales para la supervivencia del dharma y cuáles son artefactos de culturas foráneas que pueden obstruir esta supervivencia.

Un ejemplo contemporáneo es hasta qué punto las doctrinas metafísicas de karma y renacimiento son o no esenciales para la tradición.

45

Una cultura del despertar no puede existir independientemente de las específicas culturas sociales, religiosas, artísticas, y étnicas, en la que está enclavada.

viernes, 2 de julio de 2021

DIEZ GUÍAS DEL DHARMA SECULAR DE STEPHEN BATCHELOR

 


DIEZ GUÍAS DEL DHARMA SECULAR DE STEPHEN BATCHELOR

 

(Para definir un tipo de espacio budista secular formado por individuos y grupos en diversas partes del mundo comprometidos con la práctica del dharma, pero sin estar afiliados a ninguna escuela tradicional budista )

1

Un budista secular es alguien comprometido con la práctica del dharma tan solo en beneficio de este mundo.

2

La práctica del dharma consiste en cuatro tareas: abrazar el sufrimiento, soltar la reactividad, contemplar el cese de la reactividad y cultivar una forma integrada de vida.

3

Todos los seres humanos, con independencia de su género, raza, orientación sexual, discapacidad, nacionalidad y religión, pueden practicar estas cuatro tareas. Cada persona, en cada momento, tiene el potencial de ser más despierto, receptivo y libre.

4

La práctica del dharma tiene que ver tanto con cómo uno habla, actúa y trabaja en el ámbito público como en el modo en que realiza ejercicios espirituales en privado.

5

El dharma atiende las necesidades de las personas en momentos y lugares específicos. Cada forma que asume el dharma es una creación humana transitoria, que depende de las condiciones históricas, culturales, sociales y económicas que la generaron.

6

El practicante honra las enseñanzas del dharma que se han transmitido a través de diferentes tradiciones, mientras busca ponerlas en práctica de manera creativa en formas apropiadas para el mundo actual.

7

La comunidad de practicantes está formada por personas autónomas que se apoyan mutuamente en el cultivo de sus respectivos caminos. En esta red de personas con ideas afines, los miembros respetan la igualdad de todos los miembros mientras honran el conocimiento y la experiencia específicos que cada persona aporta.

8

Un practicante está comprometido con una ética del cuidado, basada en la empatía, la compasión y el amor por todas las criaturas que han evolucionado en este planeta.

9

Los practicantes buscan comprender y disminuir la violencia estructural de las sociedades e instituciones, así como las raíces de la violencia que están presentes en ellos mismos.

10

Un practicante del dharma aspira a fomentar una cultura del despertar que encuentra su inspiración en fuentes budistas y no budistas, religiosas y seculares por igual.

 

 

BATCHELOR: BUDISTA ATEO

 


ENTREVISTA A STEPHEN BATCHELOR

(LA VANGUARDÍA)

VÍCTOR-M. AMELA

09/03/2012 00:00Actualizado a 09/03/2012 21:28

 

"Supeditar esta vida a otra vida superior... es inmoral"

 

Tengo 58 años. Nací en Escocia y vivo en Burdeos. Fui monje budista y dirijo un centro de meditación. Estoy casado con Martine, y no tenemos hijos. Soy de izquierdas. Soy ateo budista, postulo un budismo secular. Buda propuso una religión secular, cómo vivir aquí y ahora.

 

Ateo budista

Ha dedicado su vida a una búsqueda, sin dejar de cuestionarse cada paso y cada hallazgo. Batchelor es sabio por eso: por seguir siendo fiel a su curiosidad y a su perplejidad. No postula verdades mayúsculas e inmóviles, sólo la movilidad de la búsqueda como certeza única. Lo explica en su Confesión de un ateo budista (La Llave), autobiografía de quien ha sido tildado de "chico malo del budismo": es un descreído que propone un budismo reformado. Ha alcanzado la conciencia clara de que puede morir ahora mismo, y de que mientras viva puede hacer de su vida una obra de arte. El premio es la propia obra, sin necesidad de un dios que le premie más allá: no espera otra vida superior a esta.

 

¿Ya no es monje budista?

No. Estudié textos tibetanos, medité, viví diez años de castidad y pobreza: fui monje budista. Pero hoy vivo como un hombre laico casado.

 

¿Por qué colgó la túnica?

Me enamoré en Corea de una monja budista francesa, nos casamos... y hoy vivimos en Francia: promovemos un budismo laico.

 

¿Budismo laico?

Un budismo no religioso, despojado de creencias y mitos: no necesito creer en la reencarnación, el karma...

 

¿Qué diría Buda si levantase la cabeza?

¡Lo aprobaría! Sus enseñanzas han sido mixtificadas: les han incrustado aspectos religiosos que son del todo ajenos a Buda.

 

¿Ha separado usted el grano de la paja?

¡Desacralizo el budismo! Como el filósofo italiano Vattimo desacraliza el cristianismo.

 

 

Admirable Gianni Vattimo.

Muchos budistas repudian esta desacralización y me insultan y amenazan por internet. ¡Han divinizado al humanísimo Buda!

 

¿Y usted le desdiviniza y rehumaniza?

Buda se burló de los dogmas religiosos de su tiempo, ridiculizó el teísmo sacerdotal de la tradición brahmánica... y mostró cómo vivir con dignidad individual y colectiva.

 

¿Qué más sabe con certeza de Buda?

Contemporáneo de Sócrates, nació en India en el 480 a.C., hijo de una rica familia. A los 28 años tuvo un hijo, Rahula, y se apartó de su comunidad y su familia durante seis años de retiro ascético y meditativo.

 

¿Para qué?

Para alcanzar la comprensión plena del sufrimiento humano.

 

¿Con qué objetivo?

Aprender a vivir plenamente.

 

¿Qué es vivir plenamente?

¡Vivir aquí y ahora! O sea, vivir liberado de hábitos inconscientes y corsés emocionales: vivir liberado del miedo al dolor, la enfermedad, la vejez y la muerte.

 

¿Es eso vivir iluminado?

¡Buda significa despierto!

 

¿Y así evitaremos reencarnarnos?

Buda no se entretiene con eso, ni con si el universo tiene principio o fin, o si es finito o infinito, o si mente y cuerpo son lo mismo...

 

¿Ni sobre lo que sucede tras la muerte?

Buda no se ocupa de eso, ya le digo...

 

¿No hay trascendencia en el budismo?

No hay metafísica. Buda enseña ¡ni más ni menos! cómo vivir aquí y ahora. ¿Le parece poco? Como los filósofos griegos antiguos, Buda articula un arte de vivir. No propone creer, propone actuar.

 

¿Y lo del karma? ¿Y lo del ciclo de reencarnaciones?

Incrustaciones religiosas del entorno indio : son interpretables simbólicamente, no las interpretemos literalmente.

 

Interprétemelas, por favor.

Karma significa acción: interpreto que cualquiera de tus actos (u omisiones) tiene consecuencias que se amplificarán hasta más allá de tu muerte. ¿Hay más reencarnación y más trascendencia que ésta?

 

Si me pienso en la infinita cadena de consecuencias de cada acto, me paralizo.

Procura sólo evitar obrar reactivamente, por automatismos y urgencias. Y relájate.

 

Para relajarme de verdad, pienso siempre que "hagas lo que hagas, la cagas".

Es cierto que puedes pretender un bien y hacer un mal. Y viceversa. ¡Ética del riesgo!

 

¿El objetivo es ser feliz?

En el sentido griego de eudaimonia: aceptación de la realidad tal y como es.

 

¿Cómo llegó usted a ser monje budista?

A mis 18 años huí de mi vida insatisfecha en Gran Bretaña. Suspendí mis estudios y viajé: me gratificaba en la contemplación, el sexo, las drogas, lecturas orientalistas...

 

¿Cómo viajaba?

Trenes, autobuses, autostop... Era 1972 y llegué a Dharamsala, en India, a los pies del Himalaya. Y me topé con el Dalai Lama. Y ahí cambió mi vida.

 

¿Por qué?

Lo imaginaba como monje solemne, ¡y era una persona jovial, cálida, inteligente y serena! Encarnaba lo que predicaba. Impresionado y conmovido, estudié tibetano, medité diez horas diarias: fui monje budista.

 

¿Se arrepiente?

¡No! Aprendí a aceptar la perplejidad. Todo me ha llevado hasta aquí.

 

¿Hay sexo en el monacato budista?

El sexo se regló por su vínculo con la reproducción y el clan. Hoy, con anticonceptivos y electrodomésticos, ¡tu sexo es sólo tuyo!

 

¿Está meditando mientras hablamos?

¡Eso espero! Buda proponía ser consciente a cada instante de cada acto y pensamiento: eso es meditar, no es evadirse del mundo.

 

¿Qué intenta evitar usted a toda costa?

La inconsciencia. Y el fanatismo.

 

¿Hay budistas fanáticos?

Sí: nadie está libre de esa tentación.

 

¿Hay una religión que tenga sentido?

Cito a Don Cupitt: "La religión actual debe prescindir de creencias. No hay nada ahí afuera en que creer o de lo que esperar nada". Yo suscribo una "religión secular", un modo de relacionarnos con la vida.

 

¿Qué modo?

El que contribuya al florecimiento de todas y cada una de las facetas de nuestra existencia, aquí y ahora. Vivir plenamente. Supeditar las demandas de esta vida a una supuesta "vida superior"... me parece inmoral.

 

¿Y si resulta que sí hay otra vida?

Pues, aun así, ¿se te ocurre mejor modo de prepararte para esa otra vida? ¡A mí no!

 

miércoles, 30 de junio de 2021

LA FILOSOFÍA BUDISTA .2/6

 

CURSO DE BUDISMO.

Darin McNabb

2/6

2016


 

Imagínate una persona 2,000 años en el futuro tomando un curso sobre la historia de la filosofía y que aprendiera que en el segundo milenio después de Cristo hubo algo que se llamaba la filosofía europea que comprendía desde Sto. Tomás de Aquino hasta Edmund Husserl y que luego hubo un tal Heidegger que echó todo eso por abajo. Ésa sería la caracterización más ligera y pobre posible del último milenio de filosofía. Sin embargo, eso es básicamente cómo un alumno de filosofía hoy en día ve la filosofía en la India Antigua, a saber, que está el hinduismo que habla del atman, el alma individual que refleja el principio cósmico del brahman, y luego el Budismo que dice que esas cosas son ilusiones. Y eso sí sabe algo del tema. La mayoría ven esa época en el pensamiento de la India como pura religión y mitología y no le prestan mucha atención, al menos filosóficamente. Pues ésa es una idea muy equivocada. El contexto cultural y filosófico en el que el Buda nació fue bastante complejo y heterogéneo. Hablar del hinduismo como tal     es como hablar de la filosofía europea como tal. En lugar de una sola posición monolítica, hubo literalmente docenas de escuelas y posturas filosóficas que, aun cuando respondían a las antiguas escrituras védicas, planteaban diferentes formas de entender la naturaleza de la realidad y el lugar del hombre dentro de ella. Los estudiosos del tema han catalogado estas escuelas en nueve básicas, entre las cuales está la respuesta del budismo. Aun cuando las enseñanzas del Buda tengan un fin sumamente práctico, se basan sobre reflexiones teóricas bastante sofisticadas que, como veremos, reflejan y en algunos sentidos superan las ideas de filósofos como David Hume y el mismo Nietzsche.

Bueno, pues retomemos la historia del Buda y su iluminación que vimos en el primer vídeo. Tras alcanzar el nirvana, el Buda viajó a un pueblo que se llama Sarnath donde encontró a cinco compañeros suyos con los que anteriormente había practicado el ascetismo tradicional. Fue a ellos que dirigió su primera enseñanza o discurso. Por cierto, nadie sabe con seguridad en qué idioma hablaba el Buda, pero lo que sí sabemos es que el idioma en que sus enseñanzas fueron asentadas por escrito siglos después de su muerte fue el Pali. Este idioma toma su nombre de la palabra “pali” que significa la línea sobre la que se escribía el texto. En aquel entonces se escribía sobre largas hojas de palmera. En mi viaje a Asia vi que todavía usan esta forma de escribir y leer las escrituras del Buda. Aquí puedes apreciar uno que compré en Nepal donde se ven las líneas o pali sobre los que se escribe. Sin embargo, este que tengo está escrito en el Sánscrito, uno de los principales lenguajes

 

de la India todavía. Menciono todo esto porque todos los términos que voy a mencionar serán en sánscrito. Por ejemplo, el concepto de “nirvana”, escrito así, es el sánscrito. En Pali es “nibbana”.

Volviendo al tema, el primer discurso que dio se llama el Dharmacakrapravartana Sūtra. Uyy, si no lees el sánscrito, eso significa el “Discurso de la puesta en movimiento de la rueda del dharma”. Más adelante hablaremos 

ese término “dharma”. De momento es importante tener en cuenta el contexto. Su público son cinco compañeros suyos que siguen en el camino ascético. Lo que les quiere enseñar es un camino distinto, un camino medio. Les dice que la vía de un hedonismo total trae muchos problemas, y con eso sus amigos están de acuerdo. Pero también les cuenta que la vía del ascetismo tampoco llega a la liberación. El camino medio entre estos dos extremos es lo que les va a enseñar y comienza con una reflexión sobre la realidad de la experiencia humana, una realidad que explica en las Cuatro Nobles Verdades. Pasemos a ello.

1.         La vida es sufrimiento.

2.         La causa de ese sufrimiento es el aferramiento o apego.

3.         Al extinguir el apego se puede extinguir el sufrimiento.

4.         El camino para lograr esto es el camino óctuple.

Leyendo estas cuatro verdades, no puedo evitar pensar en los 10 mandamientos de la Biblia. El cristianismo también dice que la vida es sufrimiento, pero identifica su causa en el pecado original. Su cura consiste en creer en Dios y en su hijo Jesús y las penas de esta vida serán recompensadas en una vida posterior. Aun cuando el profeta dijo que Sidarta sería un salvador del mundo, lo que se ve en estas cuatro verdades no es el lenguaje religioso de creencia y fe, sino el lenguaje de un médico. El Buda diagnostica un problema, identifica su causa, da un pronóstico, y luego una receta. No pide que tengamos ciertas creencias, sino que hagamos ciertas cosas: que entendamos la naturaleza del sufrimiento, que soltemos el apego, que llevemos a cabo la cesación del apego, y que lo hagamos cultivando cierto tipo de camino en la vida. Y, es más – la cura se da en esta vida, no en una por venir.

Bueno, veamos de cerca la primera verdad. La palabra que se traduce como sufrimiento es “dukkha”. Dukkha tiene muchas acepciones y connotaciones, las cuales el Buda agrupa en tres principales. La primera y más obvia quizá sea el dolor físico. En su discurso el Buda dice que el nacimiento es dukkha, y también la enfermedad, la vejez y la muerte. Estos ejemplos reflejan lo que Sidarta vio en sus primeros viajes con su chofer: un enfermo, un viejo y un cadáver. Y como dijo su chofer, ni siquiera un príncipe los puede evitar, ni tampoco, deberíamos agregar, un Buda. El Buda es un médico espiritual, no físico, entonces no pretende quitar dolores de ese tipo.

Además de la enfermedad y la vejez que menciona el Buda, a lo mejor pienses también en cosas como el hambre, la violencia, la guerra y la opresión política y social. Es verdad que el dolor tiene como fuente no sólo procesos naturales, sino también humanas. Pero aun cuando viviéramos en un mundo sin hambre y violencia, no se puede evitar el dolor que producen los procesos naturales. Como último, además del dolor corporal que la enfermedad o la violencia puede producir, hay dolores mentales también: por su condición, un viejo puede sentir soledad, o un niño atrapado en una guerra puede sentir miedo y ansiedad.

 

Pero el dukkha es mucho más que este tipo de dolor. ¿Has oído la frase “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”? La mayor parte de lo que sufrimos tiene que ver no tanto con lo que nos pasa, sino con cómo reaccionamos a lo que nos pasa. En lo que sigue en su discurso, habla de un segundo sentido de dukkha. Dice que “la asociación con lo que no se ama es duḥkha; la separación de lo que se ama es duḥkha”, y no conseguir lo que se quiere es dukkha”. A veces nos toca lo que no nos gusta: un trabajo aburrido, una pareja que ronca, no ser del todo atractivo. A veces perdemos lo que queremos: tu novio rompe contigo, te despiden de un buen trabajo, o el banco embarga tu coche por falta de pago. El dukkha, dice el Buda, en resumen, es no conseguir algo que queremos, idea que vemos reflejada en estos ejemplos.

El sufrimiento que vemos aquí puede caracterizarse como frustración, decepción, o la insatisfacción en general. Como el miedo que siente el niño en la guerra, este segundo sentido de dukkha se trata de un sufrimiento mental. Pero hay una diferencia sutil. Las condiciones que provocan el miedo del niño se le imponen desde fuera sin que las provoque o las busque, mientras que la frustración e insatisfacción que estamos tratando ahora surgen como consecuencia de las decisiones que tomamos en la vida, decisiones que se toman en aras de hacernos felices.

Ok, concedo que el dolor físico no es placentero y no lo puedo evitar.

También concedo que no siempre consigo lo que quiero, pero eso no quiere decir que esté yo sufriendo y que la vida sea miserable. Me gusta mi trabajo, me gusta hacer estos vídeos de la Fonda, tengo amigos que me hacen reír, y hoy en la mañana desayuné unos ricos hotcakes. En pocas palabras, no vivo en un estado constante de éxtasis, pero tampoco me lo paso sufriendo. Entonces, ¿tiene razón el Buda al decir que todo es dukkha o sufrimiento? Bueno, el Buda no niega que haya felicidad en la vida, sólo que es transitoria e impermanente. El pay de chocolate que estás comiendo va a terminar, el fin de semana termina y llega el lunes, las mariposas que sientes en el estómago al enamorarte vuelan con el tiempo, las arrugas reemplazan la flor de la juventud, las amistades cambian, y nuestros queridos mueren. Y aun cuando el pay de chocolate de hace sentir bien, estás consciente al mismo tiempo de que va a terminar, de modo que los momentos de felicidad no son puros sino mezclados con dukkha.

Si las cosas no fueran así, toda la industria de la mercadotecnia no tendría nada que hacer. Cuentan con el dukkha como condición básica de la vida y la transitoriedad de la felicidad para vender sus productos. E incluso Sigmund Freud expresa esta idea del Buda al decir que la felicidad no es algo positivo en sí mismo, sino sólo la ausencia momentánea del sufrimiento. Lo que dice Freud y el Buda al respecto podría entenderse mejor con una metáfora. Imagínate el dukkha como el agua y la felicidad como la tierra. En vez de ver la vida humana como una gran extensión de tierra con unos lagos por aquí y allá, ellos dicen que es más bien como un vasto mar de agua con unas islas esparcidas por aquí y allá.

Esta metáfora me hace pensar en los reportes que hemos escuchado en los últimos años sobre osos polares que nadan horas o días para encontrar un pedazo de hielo firme, pero que luego tienen que seguirle a buscar el siguiente. Esos pedazos de hielo son como las metas que planteamos, como la pareja, el grado académico, el trabajo, el coche, cosas que una vez que las tengamos tienden a perder su atractivo o simplemente cambian o se transforman, al igual que el hielo se derrite, y seguimos en la búsqueda por el siguiente objeto que esperamos poseer. Con cada experiencia de perder algo, vivimos más intensamente en la anticipación de lo que vendrá, pensando “ahora sí, esta vez me va a llenar la vida, y estaré completamente satisfecho”. Y nunca las cosas se dan así.

Y si la impermanencia y carácter cambiante de los objetos de nuestro deseo fuera poco, el Buda dice que el sujeto que trata de agarrar esas cosas también es impermanente y cambiante. Termina su discusión de la primera noble verdad diciendo: “En breve, los cinco agregados del aferramiento son duḥkha”. Eso de los cinco agregados se refiere a los constituyentes de los seres sentientes, especialmente los seres humanos. Vamos a analizarlos con más detalle en el siguiente vídeo, pero de momento basta saber que el Buda no comparte para nada toda la tradición aristotélica, medieval y racionalista que habla de los sujetos o los objetos en términos de sustancia, como aquello que no depende de otra cosa. Si te acuerdas de mis vídeos sobre el hinduismo, el atman o el alma eterno de cada individuo, sería muy parecido a esa noción de sustancia. Sin embargo, para el Buda, todo fenómeno de la existencia es contingente y condicionado, y por lo tanto impermanente. En vez del atman, entonces, el Buda habla del anatman, el no-yo. El anatman, junto con el dukkha y la impermanencia, son las tres marcas o características básicas de la existencia. La impermanencia del ser humano, lo que el Buda llama anatman, no quiere decir simplemente que todos vamos a morir algún día. Todos sabemos eso.

Significa algo más radical aún, que el ser humano, al igual que el mundo que le rodea, no es más que un complejo de acontecimientos transitorios en el que, como decía David Hume, ningún yo o esencia permanente reside.

Esta idea está la base del tercer y último sentido de dukkha, que consiste en una sensación muy general del carácter insatisfactorio de toda existencia fenoménica. La palabra alemana angst la capta muy bien y también un comentario de Henry David Thoreau cuando dice que “La mayoría de los hombres viven en una desesperación silenciosa”. Es la profunda inquietud que sentimos cuando pensamos en el futuro o en el sentido de nuestra propia vida, como si la vida fuera un sueño y nosotros meros somnámbulos simplemente pasándola sin realmente vivirla.

Al principio, comenté que dukkha se traduce generalmente como “sufrimiento”, y eso sin duda es parte de su acepción, pero “insatisfacción” también

 

me parece muy importante, especialmente si nos fijamos en su etimología. “Satisfacer” viene del latín: satis (suficiente) y facere (hacer), o sea, hacer suficiente. Decir entonces que la vida sea insatisfactoria quiere decir que nunca encontramos en ella la condiciones para que alguna experiencia sea suficiente. Siempre hace falta algo, y eso en general es lo que hemos visto en estas tres acepciones de la palabra dukkha.

Bueno, pues no hay nada como la primera noble verdad para alegrarte el día ¿verdad? Sin duda, uno podría ver todo esto como muy pesimista, y de hecho así lo interpretó Schopenhauer quien introdujo el hinduismo y el budismo a la filosofía occidental. Schopenhauer es conocido como el gran pesimista de la tradición y me pregunto si todo lo que dice sobre la Voluntad tuvo su inspiración en una mala interpretación del budismo. No lo sé, pero lo que sí sé es que la enseñanza del Buda no es ni pesimista ni optimista, sino realista. Ésta es la situación en que nos encontramos. Cualquier diagnosis espanta al principio, pero la buena noticia es que tiene solución, una cura. Obviamente, antes de ver la cura hay que saber su causa, la cual, según nos dice la segunda noble verdad, es el aferramiento o el apego. Para entender cómo esto conduce al sufrimiento, tendremos que tratar más a fondo las ideas del Buda sobre el carácter condicionado de la existencia, los cinco agregados que comentamos anteriormente y su célebre noción de anatman, el no-yo.