CAPÍTULO
13
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
Ayuda espiritual para los moribundos.
(Lectura
para médicos)
1
La
atención espiritual no es un lujo reservado para unos pocos. Es el derecho
esencial de todos los seres humanos, tan esencial como la libertad política, la
asistencia médica y la igualdad de oportunidades. Un auténtico ideal
democrático tendría que incluir la atención espiritual para todos como una de
sus verdades más esenciales.
2
Mi
maestro Dudjom Rimpoché solía decir que ayudar a un moribundo es como tender la
mano a alguien que está a punto de caerse, para sostenerlo. Por medio de la
fuerza, la paz y la atención profunda y compasiva de su presencia, les ayudará
a despertar su propia fuerza.
3
Sé
que lo que voy a decir puede sorprenderle. La muerte puede ser una gran fuente
de inspiración. En mis experiencias con moribundos, me he visto sorprendido por
la manera en que mi oración y mi invocación transformaban la atmósfera, y mi
propia fe se ha hecho más profunda al comprobar cuan eficaces son esta oración
e invocación y esta presencia de los budas. He comprobado que estar junto a la
cabecera de un moribundo vuelve mi propia práctica mucho más poderosa.
4
Siempre que esté con una persona moribunda,
insista en lo que ella ha logrado y hecho bien. Ayúdela a sentirse lo más
constructiva y satisfecha posible respecto a su vida.
5
Anime
a la persona moribunda a hacer las paces con los familiares y amigos de quienes
estén distanciados, v a limpiar su corazón, de modo que no le quede ni rastro
de odio ni el agravio más leve.
6
La
más valiosa y poderosa de las prácticas que he encontrado en la asistencia a
moribundos, y que he visto emprender con entusiasmo a un número asombroso de
personas, es una práctica de la tradición tibetana llamada phowa (pronuncíese
«po-ua»), que significa la transferencia de la conciencia.
7
La
práctica Tonglen puede ser aplicada a los moribundos:
Este
es un método para conectarse con el sufrimiento propio y con el de todos los
que le rodean, ayuda a superar el miedo al sufrimiento.
Primero
que todo, se trata de un método para despertar la compasión que es inherente a
todos nosotros, sin importar si hemos sido muy crueles o fríos con los demás.

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